A


Rafael Betancourt Rodriguez
Lionel Muller Fernández

Cecilio Isaac Santos

 


Tite
Cadeneta
Temporal
Brígido


Velvet Panther
Frosty Admiral

 


Julio A. García Encarnación
Wilfredo Rohena Pizarro


 


Candelario Bonilla Velásquez

 

 

 

2004

 

 

     Desde pequeño he sido hípico. Recuerdo que soñaba con algún día poder llegar a formar parte de la gran familia hípica. En el 1971, tuve la oportunidad de convertir mi sueño en realidad al obtener mi licencia como propietario de caballos de carreras.

    Muy pronto comprendí que el hipismo no solo era un glamoroso y excitante deporte, también una gran industria que generaba miles de empleos en nuestro país y producía millones de dólares al año, dinero que se usaba entre otras cosas para ayudar a la educación de la juventud puertorriqueña.

 

   Jinetes, entrenadores, criadores, dueños de caballos, la empresa operadora, agentes hípicos y funcionarios gubernamentales tenían la responsabilidad de mantener esta industria sólida, saludable y floreciente. Sin lugar a dudas, todas las partes envueltas tenían que dar de si para poder conseguir la meta deseada. Era una responsabilidad muy seria, pero no podía ser eludida, había que asumirla. Eso fue así en el 1971, fue así antes de esa fecha, y será así siempre.

 

   Pero para lograr el éxito, nuestro hipismo depende de poder presentar un espectáculo que atraiga y entusiasme al fanático hípico, que sea excitante, que cautive la atención de que lo está presenciando. Por esa razón es que a costa de sacrificios y dedicación, trabajo arduo y deseos de superación, algunos dentro de la familia hípica llegan a convertirse en ídolos de la fanaticada. Estos son los

que sobresalen sobre sus iguales implantando nueva marcas y sirviendo de ejemplo a las futuras generaciones.

 

   Este año celebramos la décimo exaltación al Salón de la Fama de Hipismo Puertorriqueño. Nuevamente reconocemos aquellos que en un momento dado dejaron su huella marcada de forma permanente en la historia de nuestro hípismo.

 

   Felicitamos a cada uno de los nuevos inmortales de nuestro hípismo; sabemos que ellos servirán de ejemplo para que otros traten de emularlos y así continuar cumpliendo con la resposabilidad que todos hemos asumido, la de luchar y mantener fuerte y vigorosa nuestra industria hípica.