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Considerado uno de los cuatro pilares fundamentales del hipismo puertorriqueño, Eduardo Cautiño Insúa desempeñó un papel decisivo en la aprobación de la legislación que legalizó la jugada de pool en Puerto Rico. En su carácter de miembro de la Cámara de Delegados, presentó la medida que fue aprobada el 22 de abril de 1916, lo cual marcó un momento trascendental en el desarrollo de la industria hípica del país.
Asimismo, fue uno de los primeros hípicos en importar un ejemplar purasangre a Puerto Rico. La yegua Covadonga se convirtió rápidamente en una de las principales atracciones de las pistas locales, contribuyendo al desarrollo y la popularidad de las carreras de caballos en la Isla.
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En reconocimiento a su legado, en 1968 se instituyó el Premio Eduardo Cautiño Insúa, otorgado
a quienes han contribuido de manera significativa al engrandecimiento del hipismo
puertorriqueño. La importancia de esta distinción quedó evidenciada cuando fue otorgada a
destacadas personalidades de Puerto Rico y del Caribe con motivo de la celebración del Clásico
del Caribe en Puerto Rico, en diciembre de 1987.
El Clásico Eduardo Cautiño Insúa se disputó en 72 ocasiones y se celebró por última vez en
2019. La relevancia histórica de esta figura y su contribución fundamental al desarrollo de la
industria hípica puertorriqueña hacen necesaria la reactivación de esta importante prueba clásica.
De esta manera, los cuatro grandes pilares de nuestro hipismo —Eduardo Cautiño Insúa, Ramón
Llobet Jr., José Coll Vidal y Antonio Fernández Castrillón— contarían con una carrera clásica
que perpetúe su legado y recuerde sus extraordinarias aportaciones al desarrollo de nuestro
deporte.
Cautiño Insúa fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Puertorriqueño en 1958 y al Salón
de la Fama del Hipismo Puertorriqueño en 1985.
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